miércoles, 14 de octubre de 2009

Un viaje sin retorno

Las vacaciones del 2009 fueron algo peculiares, en el sentido en que viajé. No, no fue un viaje común en donde tienes los preparativos listos y el dinero exacto para comprar regalitos por doquier; fue uno en donde exploré el trabajo de un periodista para conseguir la noticia que, en este caso, fue solo recopilación de información en un destino no muy cercano, pero no tan distante: Piura.

El pueblito se llama Santo Domingo, pequeño y céntrico. ¿El viaje de ida? Imagina pasar una noche en un bus donde no puedes estirar tus piernas y brazos, donde los ronquidos de los viejos y los murmullos de las viejas de mierda impidan cerrar los ojos... donde en cada equívoco que no fue tuyo tengas, necesariamente, que iniciarlo porque la otra persona te ataca con la mirada como queriéndote atravesar y mostrar su "superioridad".

"¡Morropón, Morropón!"... un nombre que se me quedó grabado por escucharlo desde las 6 de la mañana hasta, aproximadamente, las 8 en donde desayunábamos lomo saltado en la estación del bus ya en Piura para partir al dichoso pueblo.
Viaje de duración hasta Santo Domingo: 6 horas. ¡¿6 horas?! Más horas por pasar con el calor, la tierra y los quejidos de los niños.

La ida aún no terminaba, estaba cansado de estar sentado por tantas horas. El sol está saliendo con más fuerza. Sí, ahí quema fuerte; muy fuerte.

¡Última parada! Ya quiero bajarme de aquí... ¿En dónde nos quedaremos? ¡Manya el cuarto es enorme! Pero no, no era un hotel, era el cuarto de la abuelita de mi amiga Glennys ,espacioso y acogedor, aunque algo tenebroso por la noche.

Caímos como costales de papas, no sentimos la noche, pasó muy rápido, pero el frío estuvo presente queriendo entrar por los pequeños espacios entre el suelo y la puerta de metal. Animales por todos lados yacían entre un paisaje tranquilo de color verde: luciérnagas, gallos, vacas, burros y perros eran nuestros acompañantes nocturnos.

"¿Por qué nos miran asi? No somos extraterrestres..." Tal vez lo éramos para ellos. Los habitantes del pueblito nos miraban paso por paso, sus miradas frías y desconfiadas nos vigilaban cada paso que dábamos., era algo incómodo, pero teníamos que soportarlo. Pero bueno, será hasta que se acostumbren, no estaremos aquí mucho tiempo, de todas maneras.

La información la teníamos que recopilar de un colegio, pero aquel centro de estudios no fue la excepción de la frialdad y curiosidad de las miradas. Los ojos de los niños, tal vez, eran más molestos que los de los adultos; sin embargo, ellos se fueron acostumbrando a nuestra presencia. Aquellas miradas se fueron convirtiendo en sonrisas poco a poco.

¿Dónde está la banda? ¿El laboratorio? "Un cementerio yace en la montaña frente al colegio.." "¡No miren a la cámara!"...Fotos por todos lados, grabaciones, entrevistas, caminatas... todo salió bien. Caminamos por senderos montañosos, estuvimos presentes en casi todas las actividades educativas y culturales siempre con nuestras cámaras, grabadoras y cuadernos para anotar todo lo que digan. 
Necesitaba pasar unos días fuera de Lima para sacar todo el estrés. Necesitaba una experiencia en donde conozca el significado de una palabra: trabajo.

Los días pasaron más rápido de lo que pensaba y, por alguna extraña razón, no extrañaba a mi familia. Tal vez era porque tenía la mente en otra parte. Lo único que sé es que me encantaría regresar para sentir esa tranquilidad y que no desperdiciaré esa clase de oportunidad ya que no vuelven más y solo quedaría esperar.

En el transcurso de regreso me pasó algo extraño. Éramos tres. Uno de nosotros tenía que ir solo. Yo fui el "desafortunado". Una chica se sentó a mi lado, yo no le hablaba, aunque me había llamado la atención en la estación, no por el hecho que me gustara, sino por sus grandes rulos que la hacían destacar de las demás. En el transcurso de la noche no hablaba con nadie, solo estaba concentrado en el paisaje oscuro que veía a través de la ventana y la música que sonaba a través de mi mp4. La cena estaba siendo repartida. ¿Yo? terminé en dos minutos porque me moría de hambre. La muchacha estaba haciendo lo mismo, pero en un momento un arroz cayó de su plato a mi casaca. "Sorry"-me dijo, estaba avergonzada, yo acepté sus disculpas con una sonrisa y seguí por mi lado.

"Se nota que tenías hambre"- me dijo cuando vio que ya había terminado, yo algo avergonzado le dije que no habia comido nada desde el almuerzo, desde ese momento conversamos casi toda la noche. Era una persona sencilla, estudia en la San Marcos, tiene 24 años, no recuerdo su nombre... solo sé que empezaba con "C", jaja o "k", una de las dos. Era alguien que no se encuentra fácilmente, alguien maduro y centrado.

"No pensé conocer a alguien así, yo siempre voy sola cuando viajo, pero cuando vi que tú serías quien se iba a sentar a mi lado me quede estúpida"- me dijo, yo no entendía, pero de ahí me explicó el porqué. Ella también había viajado a Piura con una amiga, pero se fue a que le leyeran la suerte con los huaringas, son una especie de tribu social, muy conocida, en Piura, son famosos por adivinar el futuro. "La señora me dijo algunas cosas que me habían pasado y otras que no, me dijo que tendría un hijo... ahí si dije nicagaando, pero lo último que me adivinó fue que conocería a alguien hoy; alguien alto, castaño y simpático"- me contó. Yo estaba muy sorprendido, porque se notaba que no estaba mintiendo, ella también tenía esa misma impresión en su rostro. ¿Habría sido simple suerte?

Fuera lo que fuere, me gustó conocer a alguien en el primer viaje a donde voy por mi propia cuenta y me gustó aún más saber que puedo hacerlo solo. Puedo seguir el ejemplo de aquella chica, conocerla me dio un impulso más para saber qué es lo que quiero.








 

4 comentarios:

Gracias por leer : )

Se le agradece.