Bonjour Je m’ appelle Juan Manuel, J' ai 19 ans, Je fais de la comunication, Je suis célibataire, J’ adore de la musique clasique…
El francés es un idioma hermoso, pero a la vez trabajoso y engañoso. Hace algunos meses empecé con este nuevo idioma, el cual siempre me pareció uno de los más sublimes entre todos los existentes. ¿Fácil? No. Las primeras clases fueron una pesadilla, la pronunciación era como si tuvieras algo en la garganta y te provocara decir simples desdenes por la tensión de las cuerdas vocales.
Muchas personas estaban más perdidas que yo, eso para mí era un consuelo, algo maldito, pero sincero. Las mañanas de los calurosos días de febrero eran testigos del último grito de la moda de nuestra querida profesora, la cual parecía que iba a las playas del sur, puesto que siempre vestía sandalias, un short pequeñísimo y unos polos de manga corta –por no decir cero- ¿mal vestida?, ¿inadecuado? Tal vez… Sí.
¡Tildes de mierda! ¿cuántas tildes existen en este lenguaje? ¿tres, cuatro? Cuantas haya, si no se coloca una la palabra está mal escrita. Puta madre.
Las interminables dos horas pasan muy lento cuando sientes que te enseñan chino, literalmente; sin embargo, he aprendido a manejar la situación, inclusive, estando sentado totalmente cansado e imaginando mi cama como si fuera el lugar más esperado. Cierto, sobreviví a los duros meses. Pasé por una francesa que no hablaba nada de español, una profesora que me tenía harto con su “Juan Manueel, ¡no español!”, una profesora que parecía peruana por el dejo y por la forma de comunicarse, pero no lo es, ha vivido los últimos 30 años con su esposo en Lima, por ello está tan acostumbrada a las chapas y vocablos del insulto que, comúnmente, manejamos.
Ya pasó la etapa inicial, ahora es donde el verdadero reto comienza.
Les dejo una canción: I believe in you – Je crois en toi

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