domingo, 20 de septiembre de 2009

Novatos a la obra


Los días son largos y las esperas eternas, mas los pacientes siempre llegan en los momentos menos propicios generando discusiones y dificultades para los médicos y los estudiantes. Todo tiene un propósito: salvar la vida del que peligra. Es cierto que no son súper héroes, pero para salvar a otro ser humano lo único que basta es el conocimiento, disposición y corazón.

La vida de una simple estudiante de medicina de sexto año, María Teresa Rivera, de la Universidad San Martín de Porres se reduce a una simple sala de partos, en donde nuevos seres nacen y otros reencarnan. La tarea no es sencilla, hay todo un equipo de médicos y especialistas con los debidos equipos de higiene y salubridad para cada caso.

La rutina comienza con la llegada al hospital Rebagliati a la hora de guardia, las batas están listas para que los estudiantes las usen, por el momento no hay apuro. Los pasos van de aquí para allá, se siente un clima frío, las horas van pasando de a pocos. Los pacientes son asignados a los estudiantes.

Toda una sala llena de camas; pacientes, de todas las edades, en cada una de ellas. Sus miradas de desconfianza y temor se revelan por la llegada de un nuevo visitante. La mayoría guarda silencio. Era un momento incómodo en el cual los estudiantes tenían que movilizarse para cumplir con su rutina de guardia.

El caso de la noche para el grupo era el siguiente: una joven de 18 años, la cual estaba en dilatación de 9 cm. pero la fuente no se le rompía. Todo comienza por un proceso. La higiene es lo principal, los estudiantes y médicos pasan 5 minutos lavándose las manos con un jabón especial anti gérmenes. El bebé se prolonga mucho, los gemidos y quejidos de la joven madre se hacen más frecuentes, la fuente no está rota. “Tenemos que cortarla”- dijo el doctor y profesor en la sala. El proceso es llamado amniotomía, el cual sirve para acelerar el proceso del parto, se llevaba a cabo en un proceso de 3 horas. Los gritos por las contracciones se hacían más frecuentes, pero aun no había espacio para que salga la criatura. Era un momento de desesperación para la madre.

Las contracciones se precipitaban cada vez más, el clima era tenso dentro de la sala, en ese momento el doctor introduce un instrumento filudo entre las piernas de la paciente, los estudiantes estaban pendientes por si el profesor necesitaba algún otro instrumento, el corte estaba siendo realizado. La madre estaba recibiendo apoyo por una chica del equipo. “Todo va a salir bien, no se preocupe, solo estamos realizando un corte para que el bebé salga”- agregó ella. La sangre comenzó a salir por entre las piernas de la joven madre, llenando la chata (un recipiente). La fuente ya estaba rota. Él ya venía.

Los pasos se escuchaban por todo el pasadizo, los novatos no sabían qué hacer y siguen a sus mentores, el estrés estaba presente como si fuera uno de los personajes. María Teresa fue la escogida para este caso, el médico la llevó con la paciente. Los estudiantes estaban alrededor de la camilla, la joven se quejaba por el dolor, pero había un problema, la vagina aún era muy pequeña, se tenía que realizar otro corte en el lado derecho.

“Yo estaba tratando de estar tranquila porque era mi primer parto”- dijo María. El doctor le dijo que sacara gasas y que, simplemente, a la hora que la joven pujara se comprima suavemente en la zona de la herida, el bebé haría el resto.

“Yo no lo creía, no sabía si tenía que hacer algo más ¿el bebé haría el resto del trabajo?, ¿cómo?; pero hasta que salió la cabeza empezó mi verdadera labor, tenía que acomodarlo y ayudarlo a salir completamente, los brazos y su tronco salían rápidamente, era increíble. Se sentía un poco extraño porque tenía que jalarlo y a la vez presionar el vientre, yo solo pensaba: ¡Ay¡, ¡que no se caiga!, es que se sentía como gelatina”- agregó.

En la sala se sintió un olor extraño, una mezcla de sangre con alimentos mezclados, no era fuerte, pero se notaba que todos ya estaban acostumbrados porque al parecer no lo notaron.

La tensión regresó cuando el doctor le dijo que tenía que cortar el cordón umbilical, ella nunca lo había hecho y no sabía si hacerlo porque pensaba que algo podía salir mal, las palabras del médico llegaron a presionarla y le hicieron dar cuenta que los nervios no son permitidos en una situación así. Tenía que presionar con fuerza, tenía que clamparlo, poner pinzas por entre los dos extremos en donde se va a realizar el corte, para que el líquido no salga ni la sangre tampoco; su fuerza de novata no era suficiente. El estrés aumentaba porque el doctor alzaba la voz, las miradas de las enfermeras llegaron a clavarse en la acción que se realizaba causando molestia a la joven aprendiz. Todo sucedió en un instante; el cordón fue cortado.

El bebé fue pasado al Neonatólogo, el especialista en recién nacidos, para que lo evaluara, le pusiera inyecciones y gotitas para los ojos.

Sin embargo, la tarea aún no había terminado, la placenta seguía adentro. Tenía que salir. Los minutos pasaban, diez minutos, veinte minutos, media hora. Salió completamente. Por fin un momento de regocijo, la tensión había desaparecido, la alegría se apoderó del lugar.

Las lágrimas de la madre no faltaron, las sonrisas y los “gracias” se escuchaban por toda la sala. Alexander se llama el recién nacido, pesaba tres kilos, no hubieron complicaciones posteriores.

La madre e hijo se reunieron, las sonrisas y los comentarios sobre cuán hermoso era el bebé que les causó tantos problemas rondaban por todo el lugar, las luces se prendieron, el pequeño ya estaba limpio y cubierto con una tela blanca del hospital.

El reloj señalaba la 1 de la mañana, al parecer la guardia había terminado. El procedimiento fue el mismo, pero a la inversa. Tenían que lavarse las manos otra vez, sacarse las máscaras y los mandiles de color verde, doblarlos cuidadosamente, meterlos en sus respectivos paquetes e ir a casa.

Al salir los jóvenes siempre se reúnen para conversar sobre los casos de la noche, pero ya era muy tarde y hacía mucho frío, tenían que irse porque al día siguiente tenían clase a las 8 de la mañana.

Es increíble que jóvenes de entre 20 y 24 años realicen actividades de este tipo como si fueran médicos ya experimentados.

La guardia concluyó, pero los casos aún siguen. Los pacientes se presentan a diario con problemas más graves, los estudiantes de medicina tienen que estar ahí, en el momento preciso; los nervios se dejan fuera de la sala de operaciones.
Esto solo ha sido una noche, ¿quién sabe si no han estado frente a la muerte? Solo la experiencia lo sabe.






2 comentarios:

  1. Yo pienso estudiar Medicina... leer este post solo ha confirmado las ganas inmensas de empezar ya!

    Cuidate. :D

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  2. ¡Manya! me alegra haber confirmado tus ganas de estudiar medicina; sin embargo, debes estar preparado para lo que vendrá porque lo que he escrito generalmente se da cuando estás en los últimos años, la primera etapa es bastante difícil, pero pienso que harás un buen trabajo.

    Gracias por el comentario :)

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Gracias por leer : )

Se le agradece.